Comprimir Imagen a un Peso Exacto en KB o MB

Escribe cuánto tiene que pesar el archivo y la página busca la calidad que llega a ese número.

Cada intento se calcula en esta pestaña, sin subir ni un archivo

Reducir el peso de una imagen JPG a menos de 100 KB o 1 MB sin que se note

o arrástralas y suéltalas aquí, o pega una desde el portapapeles (Ctrl+V). Suelta todas las que quieras: sin límite de archivos, sin límite de tamaño y sin cola de espera.

JPG · PNG · WebP · GIF · AVIF

En modo objetivo el motor busca por bisección la mejor calidad que todavía cabe en el tamaño que pides: hasta 9 recodificaciones por archivo, y te decimos cuántas hicieron falta. Nunca devuelve algo por encima del objetivo sin avisarte.

Los PNG no se comprimen aquí: el canvas del navegador solo sabe escribir PNG RGBA de 8 bits, así que recomprimirlo devolvería exactamente los mismos bytes. Por eso un PNG sale como WebP, que sí tiene compresión real. Aun así comparamos: si el WebP saliera más grande, lo verás en el número, no en una promesa.

Resultados

Elige tus imágenes y aquí aparece cada archivo con su tamaño original, el final, el cambio real, la calidad usada y cuántas pasadas de codificación costó.

Archivos
Original
Resultado
Diferencia
Codificaciones

Antes y después

Aquí aparece la comparación: a la izquierda el original, a la derecha el resultado, y arrastras la línea para juzgar tú mismo si la calidad te sirve.

OriginalComprimida

Cómo funciona

1Suelta tus imágenes. Nada se sube: se decodifican en tu propio navegador.
2La búsqueda del tamaño objetivo corre en un hilo aparte, así que la página sigue respondiendo aunque proceses docenas de archivos.
3Bajas cada archivo por separado o todos juntos en un ZIP que se arma byte por byte en tu equipo.

Todo pasa en tu navegador: las imágenes no se suben a ningún servidor, no hay cuenta, no hay cola y no hay límite diario. Recodificar también borra los metadatos EXIF del original, incluida la ubicación GPS; si lo que quieres es quitarlos sin recomprimir la foto, usa el visor y borrador de datos EXIF.

Sobre este compresor de imágenes con peso objetivo

Escribe el número que te exige el formulario —50 KB, 100 KB, 1 MB o el que sea—, suelta tus imágenes y la página recodifica cada una hasta dar con la calidad que cae lo más cerca de esa cifra sin pasarse. Lo que se ajusta es el peso, o sea los KB que ocupa el archivo; las dimensiones en píxeles solo cambian si tú pones un límite, y la página te lo sugiere cuando el objetivo no cabe de otra forma. Cada archivo trae su fila: cuánto pesaba, cuánto pesa ahora, en qué calidad se quedó y cuántas codificaciones costó. Si ya cabía en el objetivo, te lo devolvemos intacto en vez de recomprimirlo por gusto, y un comparador deslizante te deja mirar el antes y el después. El lote no tiene tope y puedes bajar los archivos uno por uno o todos juntos en un ZIP.

Es una herramienta distinta de la que ofrecen los compresores conocidos. TinyPNG aplica una pasada automática; Squoosh, iLoveIMG y Compressor.io te dan un control de calidad. Son buenas herramientas, pero ninguna acepta un número. Y tú casi nunca llegas aquí queriendo “calidad 0,6”: llegas porque una convocatoria, un trámite o un servidor de correo te dijo que el archivo tiene que pesar menos de tanto, y para eso la interfaz honesta es una casilla donde escribes el peso. Sí hay otras páginas con peso objetivo, casi todas pequeñas, más img2go, que lo resuelve en su servidor.

Aquí no hay topes, y no es generosidad sino arquitectura. iLoveIMG limita cada tarea gratuita a 30 archivos y 200 MB; TinyPNG acepta 20 imágenes a la vez de 5 MB cada una; CloudConvert regala 10 conversiones diarias. Esos límites existen porque cada archivo le cuesta CPU y ancho de banda a alguien. Aquí nada sale de tu equipo, así que no hay contador que llevar: ni cuota diaria, ni tareas al mes, ni peso máximo, ni cuenta, ni marca de agua, ni correo.

Y ahora la frase que todo el mundo busca, respondida en vez de repetida: esto no comprime “sin perder calidad”. Meter una foto de 4 MB en 50 KB es con pérdida por definición, y esta es justo la página donde lo puedes comprobar en diez segundos. Lo que descarta un codificador con pérdida es el detalle fino al que tu ojo presta menos atención: los cambios bruscos en pocos píxeles y algo de precisión en el color. Una fotografía lo disimula de maravilla; una captura de pantalla con texto no. La distinción que sí sirve es entre sin pérdida y sin pérdida visible: un objetivo holgado te da lo segundo, uno brutal no, y la página te dice a qué número llegó de verdad en lugar de fallar en silencio.

Hay algo que esta herramienta no hace a propósito: comprimir PNG. El canvas del navegador siempre escribe PNG de 8 bits con alfa y no sabe armar una paleta, así que no puede cuantizar los colores, lo único que reduce de verdad un PNG. Medido aquí: un PNG que entra y sale de un canvas volvió con los mismos 58.020 bytes. Por eso, si sueltas un PNG, te lo decimos y te ofrecemos WebP, que sí puede pesar menos… aunque no siempre: con ruido aleatorio ese mismo archivo salió más grande como WebP sin pérdida, 58.192 bytes. Un efecto secundario que vale una línea: al recodificar se pierde el EXIF, así que la copia que descargas ya no lleva la ubicación GPS; si eso era lo que buscabas, el visor de EXIF lo hace sin tocar un píxel.

Qué tira de verdad la compresión y qué sobrevive

La compresión con pérdida no consiste en “hacer el archivo más chico”, sino en decidir qué información destruir. Un codificador JPEG separa la imagen en brillo y color, la corta en bloques de 8×8 píxeles, aplica una transformada de coseno discreta a cada bloque y luego divide los coeficientes resultantes por una tabla de cuantización: en esa división, y en el redondeo que viene después, es donde la información desaparece de verdad. Bajar la calidad agranda esa tabla, así que más coeficientes se redondean a cero. Lo que se pierde primero es el detalle de alta frecuencia, o sea los cambios bruscos en muy pocos píxeles. Tanto el JPEG como el WebP con pérdida descartan además resolución de color antes de todo eso: el WebP con pérdida siempre guarda los canales de color a la mitad de ancho y de alto, y los codificadores JPEG suelen hacer lo mismo salvo en las calidades más altas, porque el ojo humano distingue mucho mejor el brillo que el color.

Por eso importa más qué estás comprimiendo que dónde pongas el control. El mismo objetivo que es invisible en una foto de vacaciones resulta brutal en una captura de pantalla, y no hay ajuste que lo arregle: el codificador está tirando justo el tipo de detalle del que está hecha una captura.

Qué estás comprimiendoCómo se comportaQué hacer
Una fotografía de cámaraEl mejor caso. La vegetación, la piel, la tela y el ruido del sensor son exactamente el detalle fino que el codificador descarta, y tu ojo no tiene con qué comparar lo que había ahí. El ahorro llega mucho antes de que algo se vea mal.JPEG o WebP con pérdida, y puedes ser bastante ambicioso con el objetivo.
Una captura de pantalla con textoEl peor caso. El texto son bordes duros de negro sobre blanco —el contenido de frecuencia más alta que existe— y tú sabes perfectamente cómo debería verse una letra, así que el halo y la borrosidad alrededor saltan de inmediato.Déjala en PNG o usa WebP sin pérdida. Un objetivo en KB muy exigente se va a ver mal mucho antes de pesar poco.
Un logo o una ilustración de colores planosPocos colores, bordes duros y zonas planas grandes. La compresión con pérdida inventa ruido en las zonas planas y halos en los bordes, y el archivo no era pesado para empezar.PNG o SVG. Si de verdad tiene que bajar, WebP sin pérdida: Google lo mide cerca de 26% por debajo del PNG equivalente.
Un degradado suaveEngañoso. Comprime a poquísimos bytes y aun así se ve a bandas, porque el ojo es muy bueno detectando escalones en un cielo o un fondo.Mira el resultado a tamaño completo en vez de fiarte del número de bytes.
Cualquier cosa con transparenciaEl JPEG no tiene canal alfa, así que un fondo transparente se convierte en un color sólido, casi siempre blanco y casi siempre por sorpresa. El WebP lleva transparencia en sus dos modos.Usa WebP siempre que el archivo tenga que ser chico y transparente a la vez.
Un original que vas a volver a editarCada recodificación se apila sobre la anterior. La pérdida de generación es acumulativa e irreversible: no hay forma de recuperar el detalle.Comprime una copia para subirla y guarda el original intacto.

Entre los dos formatos que esta página puede escribir, la versión corta es que WebP suele ser el mejor codificador y JPEG el archivo más seguro. Las cifras de Google sitúan el WebP con pérdida entre 25% y 34% por debajo de un JPEG comparable con la misma calidad medida en el índice SSIM, y además el WebP soporta transparencia, cosa que el JPEG no. Pero cuando un formulario oficial dice “solo JPG” lo dice en serio, y un programa de escritorio de hace diez años todavía puede rechazar un .webp sin más. Elige WebP cuando tú controlas qué va a abrir el archivo, y JPEG cuando no.

Y desconfía del número de calidad, porque no es una unidad. “Calidad 80” no está definido en ninguna parte del estándar JPEG: es una convención heredada de la implementación de referencia, donde ese número escala una tabla de cuantización. El parámetro de calidad del WebP maneja un codificador completamente distinto. Así que un JPEG en 80 y un WebP en 80 no son comparables, dos codificadores JPEG distintos en 80 no tienen por qué dar el mismo archivo, y MDN describe el argumento de calidad del propio navegador simplemente como un número entre 0 y 1 para formatos con compresión con pérdida, con 0,92 por defecto si no dices nada. Ese es el mejor argumento práctico para escribir un peso en lugar de una calidad: el peso es una unidad real, comparable y verificable, y la calidad es una perilla en la máquina de otro.

Por qué un peso objetivo se busca y no se calcula, y cuándo el número es imposible

No existe una fórmula que convierta una calidad en un peso, porque el peso depende de la imagen. Dos fotos de 12 megapíxeles con los mismos ajustes pueden diferir cinco veces entre sí: un paisaje con niebla comprime a casi nada y un bosque lleno de hojas no. Así que la única manera de caer en 100 KB es codificar, medir, ajustar y volver a codificar. Eso es lo que pasa aquí: la página acota el rango de calidad, lo va partiendo por la mitad y recodifica en cada paso hasta quedarse con el archivo más grande que todavía cabe bajo tu número, y después te dice en qué calidad se detuvo. Una docena de codificaciones de una foto grande es trabajo de verdad, y por eso los grandes te venden un control deslizante: en un servidor cada iteración es CPU que alguien paga. En tu propio navegador ese bucle no le cuesta nada a nadie, y ese es todo el argumento arquitectónico de esta página.

Lo segundo que conviene entender es que un objetivo puede ser sencillamente inalcanzable, y cuando lo es, la culpa casi nunca es de la calidad: es del número de píxeles. La forma útil de pensarlo son los bits por píxel: toma el peso objetivo en bits y divídelo entre la cantidad de píxeles de la imagen.

ImagenPíxelesCon un objetivo de 100 KBVeredicto
Foto de teléfono de 4000 × 300012.000.000unos 0,07 bits por píxelInalcanzable con una calidad aceptable: es como la décima parte de lo que usa una compresión web agresiva.
2000 × 15003.000.000unos 0,27 bits por píxelAgresivo pero usable en web. El detalle fino se va a empastar.
1200 × 9001.080.000unos 0,76 bits por píxelCómodo para una fotografía.
1000 × 750750.000unos 1,09 bits por píxelBuena calidad. La mayoría de las fotos se ven intactas aquí.
Miniatura de 600 × 400240.000unos 3,4 bits por píxelEl objetivo ni siquiera es la restricción: llegas a 100 KB con calidad de sobra.

Son reglas prácticas, no una especificación: una fotografía suele verse limpia alrededor de 1 bit por píxel y empieza a romperse de forma visible bastante por debajo de 0,3, y el dibujo de línea se comporta distinto. Lo que dice de verdad esa tabla es que el camino más rápido hacia un objetivo pequeño es mandar menos píxeles. Si un trámite te exige 50 KB, el problema es el original de 4000 píxeles de ancho y no el codificador; por eso esta página te informa “lo más cerca fue 112 KB con calidad 0,41” en vez de entregarte en silencio un archivo que no cumple.

  1. Lee bien el límite. “Menos de 100 KB” y “máximo 100 KB” son la misma instrucción, pero “entre 50 KB y 100 KB” es una banda, y algunos portales rechazan un archivo por quedarse corto igual que por pasarse.
  2. Reduce las dimensiones antes de comprimir si la imagen es mucho más grande de lo que se va a ver. Una foto adjunta a un formulario se mira en un recuadro de unos cientos de píxeles, no a 12 megapíxeles.
  3. Comprime una copia, nunca tu único original: cada pasada es irreversible y se acumulan una sobre otra.
  4. Usa el formato que acepta el sistema que la recibe. Si el formulario dice JPG, un WebP lo rechazan en la puerta por muy bien que se vea y por poco que pese.
  5. Juzga el resultado al 100%, no en la miniatura. Los defectos de compresión se esconden en las vistas pequeñas y aparecen en cuanto alguien hace zoom.
  6. Revisa el peso que conseguiste, no el que pediste. Si la página reporta 112 KB frente a un límite de 100 KB, la subida va a fallar igual: mejor enterarse aquí que en el formulario.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es la diferencia entre reducir el peso y reducir el tamaño de una imagen?

Son dos cosas distintas y en español tenemos palabras separadas para cada una, así que vale la pena usarlas bien. El peso son los KB o MB que ocupa el archivo en el disco; el tamaño, en el sentido de dimensiones, son los píxeles de ancho y de alto. Esta página trabaja el peso: no recorta nada y ajusta cuánta información guarda el archivo hasta llegar al número que pediste. Los dos conceptos están relacionados —una imagen con menos píxeles pesa menos— y por eso, cuando un objetivo muy chico resulta imposible solo con calidad, la salida real es bajar las dimensiones: hay una casilla opcional de ancho/alto máximo, y la página te propone un número concreto de píxeles cuando ve que el objetivo no cabe de otra manera. Si lo único que te piden es “que mida 800 píxeles”, eso es redimensionar, no comprimir.

¿Por qué esta página no comprime PNG?

Porque en un navegador no se puede hacer con honestidad. Lo único que reduce de verdad un PNG es cuantizar la imagen a una paleta de colores, y el canvas del navegador siempre escribe PNG de 8 bits con canal alfa y sin paleta. Lo medimos: un PNG que pasa por un canvas vuelve con los mismos 58.020 bytes con los que entró. Una herramienta que te devuelve el archivo igual y lo llama “comprimido” es peor que no tener herramienta. Así que cuando detectamos un PNG te lo decimos y te ofrecemos dos caminos reales: pasarlo a WebP, que puede pesar bastante menos aunque depende de la imagen, o pasarlo a JPEG si aceptas perder la transparencia. En los dos casos verás los bytes de antes y de después, no un porcentaje prometido.

¿Cómo dejo una foto en menos de 1 MB para mandarla por correo sin que se note?

Escribe 1 MB como objetivo y en una foto normal el resultado va a ser indistinguible del original: bajar de 4 MB a 1 MB en una fotografía es justo el rango donde la pérdida no se ve. Tres consejos que ayudan. Primero, si la vas a mandar por correo o subir a una plataforma, casi siempre puedes reducir también las dimensiones: nadie va a mirar esa foto a 4000 píxeles de ancho. Segundo, comprime una copia y guarda el original, porque cada pasada se acumula sobre la anterior y no hay vuelta atrás. Y tercero, revisa el resultado al 100%, no en la miniatura: los defectos de compresión se esconden en las vistas pequeñas. Puedes soltar todas las fotos que quieras a la vez y bajarlas juntas en un ZIP.

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